De qué hablamos cuando hablamos de remedios.

Cuidar de nuestras plantas requiere de medicamentos que difieren de los que podemos estar acostumbrados a manipular cuando se trata de humanos.

DEFINAMOS A LOS AGROQUÍMICOS

En la actualidad, los agroquímicos son indispensables. La sanidad de los vegetales se ha hecho tan necesaria que nos obliga al uso de remedios que, en el caso que nos ocupa, deben ser usados atendiendo más que nada a la responsabilidad individual y colectiva, que pone fuera de peligro al entorno.

Si bien la industria agroquímica busca enérgicamente bajar la residualidad y la virulencia de los productos que comercializa, por mi parte voy a hacer hincapié (supongo que lo haré por siempre), en que nunca emplearemos esos productos sin tomar la debida conciencia de que estamos usando venenos.

Las grandes firmas fabricantes están o ya lo han hecho (la mayoría), diseñando líneas llamadas jardín, para los mismos productos que le venden al campo. La diferencia es que para las líneas jardín han achicado los envases porque se supone que necesitamos menos cantidades para tratar las enfermedades de nuestras plantas, pero lo que hay dentro del envase, es exactamente lo mismo que necesitan los chacareros (no es peyorativa la palabra), para erradicar las mismas enfermedades y plagas de sus cultivos.

La industria química especializó una rama de la materia y creó a los agroquímicos que no son ni más ni menos que el uso de sustancias (como plaguicidas y fertilizantes) en las actividades agrícolas.

“Las grandes firmas fabricantes están o ya lo han hecho (la mayoría), diseñando líneas llamadas jardín, para los mismos productos que le venden al campo.”

Entonces, los agroquímicos son sustancias que tienen como objetivo optimizar el rendimiento de cualquier explotación agrícola. En menor escala, las plantas de jardín. Pero nunca debe obviarse que esas sustancias las debe manejar el ser humano. No hay robots y no hay forma alguna de que una mezcla (que siempre es necesaria), se haga sin la intervención del hombre. Por eso, insisto, se deben tomar recaudos.

Cualquier agroquímico titulado de tal, tiene entre sus funciones aportar la cantidad de nutrientes necesaria a la tierra, eliminar a los microorganismos que la estén dañando y lo mismo para cada cultivo o planta en particular y hasta eliminar la maleza indeseable.

Así que hablamos de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas. Y sigo diciendo: todos venenos.

Alguien puede pensar que los fertilizantes no son venenos. Es verdad: no lo son. Pero en mi vivero los uso todos los días y jamás los toqué sin guantes, por ejemplo. Yo, no me fío. Alguna vez, confiado y desconcentrado en lo que hacía, unos granos me pegaron en la cara y dejé lo que estaba haciendo para ir a lavarme. Me dirás que soy un obsesivo. Está bien: te lo acepto. Pero me cuido. Aún cuando conozco muchísimo sobre el asunto, insisto: yo, no me fío.

“No hay robots y no hay forma alguna de que una mezcla (que siempre es necesaria), se haga sin la intervención del hombre. Por eso, insisto, se deben tomar recaudos.”

Pensá, por lo tanto, las cosas de las que me prevengo cuando debo utilizar plaguicidas. El plaguicida lo debo esparcir a través de la fumigación: cargo agua en un fumigador que por medio de dos arneses ubico en mi espalda y, cuando no utilizo el fumigador a motor (lo uso poco; otro día explico por qué), le añado el plaguicida. Revuelvo y me meto en el cultivo a fumigar, con la intención de alejar o destruir a aquellas especies que puede dañarlo.

Uso sombrero, una mascarilla que filtra la nube que se forma, me pongo una campera de tela de avión que no permite que traspasen las microgotas, guantes de hule y botas de goma. Jamás fumigo más de 15 minutos. Si no terminé, sigo mañana; jamás tomo un descanso y retomo.

Lavo el equipo, arrojo a un balde con agua y detergente el sombrero y los guantes y cuelgo la campera de una percha para “manguerearla” con un rociador fino. Las botas se salvan: entiendo que no tengo que hacer nada por ellas.

Bueno; así soy yo.

“Alguien puede pensar que los fertilizantes no son venenos. Es verdad: no lo son. Pero en mi vivero los uso todos los días y jamás los toqué sin guantes, por ejemplo.”

Según la plaga, el producto se denomina fungicida (es para combatir hongos); bactericida (elimina bacterias); insecticida (elimina insectos). Hay otros grupos que tratamos a continuación, pero para el vivero y la jardinería, estos son los que más usamos.

Aún así, últimamente, muchos otros agroquímicos ocuparon los estantes de ese sector de ventas en los viveros y a los medicamentos que estábamos acostumbrados a adquirir y usar, se agregaron los herbicidas, por ejemplo, que la jardinería incorporó como material necesario para muchos casos. Muchos jardines tienen cunetas y lugares relativamente inaccesibles como para encarar un mantenimiento acorde con lo que uno puede pretender y se comenzó a utilizar casi tanto como los otros mencionados.

Los herbicidas eliminan malezas; o sea, todo tipo de otras plantas indeseables que constituyen nocivas para el terreno.

Mencionemos a los acaricidas, que repelen a los ácaros.

Cierto auge tomaron también los rodenticidas, que matan a los roedores. Muchos de ellos causan importantes daños (muy por lo general económicos) a los cultivos que además, transmiten ciertas enfermedades a los seres humanos.

Los nematicidas, que acaban con los gusanos que van apareciendo en el suelo y con ciertos parásitos que aparecen en las plantas.

Los fitorreguladores, que, precisamente, regulan el crecimiento de las plantas mediante las fitohormonas. De esta manera, según cada momento, impulsan o frenan el desarrollo de las raíces.

Los fertilizantes, encargados de facilitar y agilizar el crecimiento de ciertas plantas y que también es un agroquímico, muy distinto del abono.

Yo insisto: la mayoría de los agroquímicos son tóxicos (si no son todos, según mi parecer) y, en algunos casos, pueden ser letales para el ser humano cuando se ingieren, inhalan o tocan. Entonces, los invito a pensar: si en las instrucciones la fábrica te previene de cuidarte ante esas tres acciones, reflexioná cuando fumigás y observá que la mayor parte del producto siempre va más allá del sector que se pretende fumigar debido a que, por el viento y otros factores, terminan llegando a distintos lugares.

Hasta pueden contaminar el agua que utilizamos.

ES IMPORTANTE DEFINIR A LOS PLAGUICIDAS.

Un plaguicida es una mixtura de sustancias que se emplea para eliminar plagas.

Este último concepto (plaga), son organismos que aparecen de manera súbita y en gran escala, generando diversos daños a los cultivos y a las plantas individualmente. Y suelen hacerlo así: de pronto.

“Yo insisto: la mayoría de los agroquímicos son tóxicos (si no son todos, según mi parecer) y, en algunos casos, pueden ser letales para el ser humano cuando se ingieren, inhalan o tocan.”

En el largo plazo, se demostró que el uso indiscriminado de plaguicidas afecta al medioambiente e incluso modifica a las plagas, haciéndolas más resistentes. Destaquemos que los plaguicidas son venenos que afectan al ser humano desprevenido; por eso deben usarse con responsabilidad. Las autoridades sanitarias siempre deben controlar los componentes de cada plaguicida que se encuentra disponible en el mercado.

Voy a dejarte una pequeña lista para que incorpores a tus conocimientos la clasificación de los tipos de plaguicida según su composición química:

Clorado

En el comercio encontrarás estas marcas que te dejo a continuación. No te lo digo para evites comprarla: son legales, están habilitadas, se supone que el uso correcto y consciente no acarrea daños personales; está todo bien. Debés conocerlas, nada más. Los clorados son el Gamexane, el Dieldrín, el Octacloro, el Heptacloro, el DDT y el Aldrín.

Sus moléculas son solubles en grasas. Su desventaja es que sus moléculas son muy estables y pueden perdurar durante mucho tiempo. De estos se menciona su alta residualidad: o sea que después de utilizarlas, quedan en el ambiente a veces durante 15 días, según  condiciones climáticas.

Puede ingresar en las cadenas tróficas por medio de la ingesta de un alimento sobre el cual se haya rociado; a los mamíferos puede causarles problemas tales como una intoxicación en el hígado. En muchos países y entre ellos Argentina, están prohibidos por Ley.

Fosforado

Dos plaguicidas de este tipo son el Monocrotofós y el Parathion.

Son sustancias con un nivel considerablemente tóxico, hasta en dosis bajas. Si bien tiene baja residualidad, nunca permitas que entre en contacto con la piel. Algunos países los prohibieron, pero por ser un plaguicida muy económico aún se permite en algunas partes.

“En el largo plazo, se demostró que el uso indiscriminado de plaguicidas afecta al medioambiente e incluso modifica a las plagas, haciéndolas más resistentes.”

Carbamato

El Carbofurano y el Aldicarb pertenecen a esta clase. El efecto es el de los fosforados. Dentro de las sustancias que componen un carbamato, algunas son altamente tóxicas.

Piretroide

La Deltametrina y la Cipermetrina imitan la acción de la sustancia conocida como piretrina, que se extrae de los crisantemos y es usada como pesticida natural. Éste iría bien, pero como su molécula es muy inestable y se deshace muy fácilmente, los científicos la combinan con bromo o cloro.