Usar mal los agroquímicos genera problemas de salud

Muchas personas dan por hecho que no les sucederá nada nunca. Yo recomiendo que esas sustancias sean manipuladas por gente con experiencia.

– Equipo profesional –

      Creo que insistiré toda mi vida con el buen uso de los agroquímicos. La utilización de estos en un jardín particular que tiene un tamaño preciso y suele estar rodeado de otra gente que vive alrededor, puede llegar a causar inconvenientes que deben ser evitados.
       Insisto porque en mi familia hubo de esos inconvenientes. Hemos fumigado tanto para nosotros mismos en el cultivo y para terceros, que se podría considerar como lógico que alguien en algún momento, se enfrentaría a algunas crisis de salud.
       Nos hemos manejado así: hubo un integrante de la familia, en nuestros comienzos como arboricultores, que interpretó correctamente las instrucciones de uso de un agroquímico que era necesario aplicar. Se tomaron todos los recaudos y se obtuvo el resultado que se esperaba. Hasta ahí, sin problemas. En adelante, éste miembro familiar, cada vez que hubo necesidad de recurrir a los medicamentos, se hizo cargo porque demostró eficienticidad y retomó la diligencia consecuentemente.
       Siempre se procedió como corresponde: ropa no porosa (generalmente hecha con tela de avión) para impedir que la neblina penetrara a través de ella, guantes, botas de goma, máscara filtrante (a veces escafandra). Una vez curada la plantación, se lavaba todo el equipo con agua y detergente (más tarde incluimos una hidrolavadora para que inyectara agua a presión) y el operario procedía a colgar de una percha en el exterior la ropa usada, para lavarla del mismo modo. Solía usar los guantes de cuatro a seis veces y luego los tiraba. Las botas y la máscara, se conservaban mucho tiempo más.

“Siempre se procedió como corresponde: ropa no porosa (generalmente hecha con tela de avión) para impedir que la neblina penetrara a través de ella, guantes, botas de goma, máscara filtrante (a veces escafandra).”

      Pero está dicho y desde hace mucho, que la confianza mata al hombre. Nada lejos de la verdad. Hubo decenas de ocasiones en que había que fumigar, pero poco. Serían no más de 15 minutos. Entonces, por tan poco tiempo, ¿para qué vestirse de astronauta si ya conocía cuáles eran las precauciones que debía tomar?
       Y con el transcurso de los años, esa desidia actuó sobre su metabolismo.
       Nuestro cultivo es grande; tenemos tres lugares de producción. Todos necesitan agroquímicos porque es inevitable que alguna planta se enferme. Cuando sucede eso, amerita intentar la cura de todo el lote aún cuando no esté infectado. Utilizamos una metodología de prevención que nos da buen resultado. Nuestro equipo es móvil: lo podemos trasladar. Uno de los cultivos esta a 11 kilómetros de distancia del vivero; los otros dos se encuentran alrededor.

– Un equipo doméstico –

      Fumigamos primero los dos cercanos y nos trasladamos al tercero. El operario viaja con la ropa de seguridad puesta. En invierno no es problema, pero en verano, el tipo se cocina ahí dentro. Entonces se la quita. Cuando llega al lugar, no quiere ponerse la ropa y como es uno de los dueños, no acepta reclamos. Y a partir de ahí, se comienzan a registrar los problemas.
       Sí, es como dije: la confianza mata al hombre.
       Imaginate que tenés que fumigar tu propio jardín. Yo siempre te voy a recomendar que lo haga un tercero, que conozca los productos y que tenga incorporado el protocolo de seguridad e higiene que se emplea para estos casos. Con el expreso encargo de cumplir con el reglamento, le autorizás el ingreso o que se vaya. Así de tajante.
       No podés perder de vista el hecho de que en jardinería, nunca una sola fumigación genera resultados esperados. En tu jardín fumigás hoy y dentro de tres semanas hay que repetir. Tres semanas después, aplicás la última. Nunca te voy a aconsejar que el trabajo lo ejecutes vos, siendo que hay gente especializada para eso.

“Solía usar los guantes de cuatro a seis veces y luego los tiraba. Las botas y la máscara, se conservaban mucho tiempo más.”

      Nunca, tampoco, debés contratar a quienes tienen un equipo precario o se dediquen a eso en sus tiempos libres. Los recaudos hay que tomarlos con responsabilidad y conciencia. No porque te cobren más barato deberías acceder a eliminar plagas, siendo que es fundamental el cuidado de tu familia y de aquellos involucrados que puedan incurrir en accidentes.
       Yo creo que desde que se dio el boom de la soja argentina, en donde se comenzó a aplicar mecanismos de control muy intensivos sobre las enfermedades, se despertó en la población una mirada particularmente proteccionista sobre la propiedad individual, que viene siendo sometida a restricciones que hacen que cada uno de nosotros no adhiera a la higienización de nuestras propias plantas. Que también ha provocado que no tomemos la decisión de encarar una curación completa, porque la información bombardea permanentemente con los peligros que acechan.
       Eso está bien, pero las enfermedades y las plagas existen y deben ser combatidas. Por eso insistiré con que lo apliquen únicamente, los que saben hacerlo.