Más complicado que el topiario, más desafío también.

Hay quienes dicen que es mejor iniciarse en Arte Topiario para pasar luego al Arte en el Jardín. Adhiero.

– Sencillo y complicado –

      Yo me anoto. Es fija que deberé aprender más de lo que sé, pero… ¡Cómo quisiera! Amaría convertirme en un artista de la Naturaleza, capaz de hacer en ella lo que ella misma no puede. Que sería convertir algo que ella puso en mi camino, en una obra… mía. Casi digo del Señor. Sería decir demasiado.
       Aquellos que sabemos disfrutar de un jardín porque lo tenemos y los que no, lo aprecian de otro, somos conocedores del enorme valor que le aporta al individuo a nivel espiritual. SI quieren hablar de los beneficios económicos, otro día invito a un amigo que se dedica al real state y hablamos más. No es el caso hoy.
       Yo detecto dos maneras de hacer Arte en el Jardín. La otra es hacer Arte con el Jardín. Hice un viaje hace poco al Norte de nuestro país y en una especie de shopping regional, me encontré con unas maravillosas pinturas “arrancadas” de la Naturaleza.

“Amaría convertirme en un artista de la Naturaleza, capaz de hacer en ella lo que ella misma no puede.”

      Se trataba de cuadros pintados por las manos de los pobladores que sintieron la necesidad de llevar a un lienzo, la generosidad de otras manos que habían construido un jardín. Estaban expuestos sobre una columna del supermercado y a la venta. Los precios, digo yo al menos para mí, no eran otra cosa que orientativos, porque es muy difícil ponerle precio a algo tan apreciado y salido de las mismas entrañas de aquel que tiene ganas; pero algo debía valer y por eso tenían precio. Pero nunca tendrán valor. El valor es intrínseco y personal. Ponerle precio está bien: es la forma más legal que conozco de llevar a mi casa, la forma de ver de otro.
       Ahí es cuando cae uno en la cuenta de que un jardín no es solamente un sitio para correr o recorrer, como tampoco un patio o una terraza servirá nada más que para tomar el té. El rendimiento será mucho más eficiente cuanto más sentimiento le ponga el dueño, más allá de la tarea que pueda ejercer el paisajista y por mucha experiencia que éste tenga al respecto.

– Un artista anónimo –

      El dueño es el encargado de hacer de su jardín, un mundo aparte. Tiene que lograr que su entorno se cite en su lugar de estar y se combine de una forma tan perfecta que nadie se dé cuenta. Esto se logra cuando pasás más tiempo en tu jardín y te enorgullece mostrarlo.
       Si vas a contratar a un paisajista para que decida sobre las oportunidades que tiene tu jardín para pasar de mediocre a bello, no te lo voy a negar: está bien. Por más que yo mismo sea paisajista, no puedo menos que recordar que estudié la disciplina luego de pensar concienzudamente qué hacer con mi propio jardín.
       La verdad, soy paisajista de medio tiempo y no me preocupo por propagandearme porque sólo hago trabajos cuando detecto que el interesado es demasiado inocente o no le queda tiempo para dedicarse.

“El valor es intrínseco y personal. Ponerle precio está bien: es la forma más legal que conozco de llevar a mi casa, la forma de ver de otro.”

      Como en toda carrera, aprendí lo que me interesaba saber y hoy puedo trasladar a tu entorno lo que querés y necesitás, aplicando las técnicas que estudié. Supe entonces, que la estética y la funcionalidad se necesitan mutuamente para lograr de tu jardín el sitio en el que querés estar.
       Pero para el blog de La Página del Vivero, me tocó hablar de Arte en el Jardín. Esto es muy superador para mí, porque puedo hablar del tema pero no sé si puedo hacer Arte. Como en decenas de cosas que me propuse y logré, tal vez pueda con esto.

– Otro artista –

      Yo termino de hacer tu jardín y tus amigos te felicitarán porque tendrás en tu casa, una obra de arte. Pero no podré dejarte lo que ves en la foto ni entregarte un cuadro pintado por mí de tu jardín. Son cosas muy distintas.
       Esa clase de arte sólo puede encararla el propietario del espacio. Porque sabe cuántas horas dedicará a su afición; sabe qué herramientas usará; conoce a la perfección su proyecto y nadie más que él, tiene la certeza del camino que decidió emprender.
       Yo la tengo sobre lo mío; no sobre el tuyo por mucho que logre conocerte. Si quisiera ponerlo simple, diría que esto es nada más que un acto de superación personal.
       Pero, ¡qué acto! Implica nada menos que transformarte en un artista, lo cual es demasiado para la enorme mayoría de los habitantes del planeta.