Un arte milenario que podés hacer vos

¡Alegráte! El conocimiento y el interés hizo que esta técnica invadiera el mundo.

– Primer dibujo –

      ¡Pufff! ¡La cantidad de cosas que hay para decir sobre esto! La verdad, no sé por dónde empezar. Los lectores del blog, seguro que desean que arranque con ideas, pero, como si estuviéramos en una clase, me parece estupendo que comencemos de un principio.
     No está mal saber de dónde viene o dónde empezó éste Arte que lo es de verdad. Todas las creaciones deben o deberían significar algo y no hay o hay muy pocas cosas ligadas tan firmemente al espíritu humano individual y tan efímero a la vez, que exprese el sentimiento del creador.
     Wikipedia dice que Ikebana quiere decir “Flor Viviente”. Vaya que sí lo es. Para nuestra Cultura, aún es una explicación nimia, carente de fuerza, necesitada de aditamentos que nos satisfagan. Para aquellos que iniciaron la técnica (que también lo es), la explicación es más que suficiente. Porque para quienes se dedican a esto, la simpleza del espíritu es lo más importante que uno aplica en una realización que expresa tanto contenido. ¿Viste cuando la emoción te impide manifestar con palabras lo que sentís? La Ikebana se encarga de eso.
     Dejáme volver a Wikipedia un momento, porque lo que cuenta a continuación es la base de lo que deberás aprender, así sea que te vayas a dedicar o nada más hagas un único arreglo.
     Un sacerdote budista llamado Imoko, se declaró insatisfecho con las ofrendas florales que otros sacerdotes creaban para homenajear a Buda. Entonces se propuso que dichos arreglos tuvieran un significado que enalteciera el Alma. Se planteó simbolizar el Universo entero a través de una sencilla confección. No me queda claro si sabía lo que hacía, pero lo pongo como creador de la técnica (Ikebana es una técnica) y estableció que las flores y las ramas se dirigieran siempre hacia arriba en grupos de tres con lo que representaba la relación entre el Cielo, el Hombre y la Tierra.

“Porque para quienes se dedican a esto, la simpleza del espíritu es lo más importante que uno aplica en una realización que expresa tanto contenido.”

      Cuando estudié Ikebana, me enseñaron que la mejor manera de inicio era primero dibujar en un papel mis deseos. Me dio muy buen resultado. Para aquellas personas ansiosas como lo soy yo, me carcomía el hecho de acabar con el dibujo para empezar sin más con la creación. Y los resultados obtenidos siempre me satisfacían de tal modo, que cada obra surgida de mis manos y mi imaginación, invariablemente iba a dar como presente para un homenaje. En aquellos cumpleaños, nacimientos, bautismos, en toda convocatoria en la que era invitada, siempre había una Ikebana hacia el objeto del homenaje, que me ponía a mí en la primera fila del agasajo. Y eso me llenaba de amor y orgullo.
     Para muchos es nada más (y también nada menos) que un hobby. Pero tantísimas personas, en el marco de sus contextos sociales, se han convertido en referentes y hoy son buscadas para lo mismo que hago yo: preparar estas construcciones para constituirse en regalos majestuosos.

– Tan sencillo como esto –

      La principal materia para aprender a interpretar este Arte, es muy simple: cortar unas pocas flores para poner en un jarrón, lo hace cualquiera. Pero colocarlas de una manera determinada que es la que lleva tu mente cuando lo estás haciendo, es otra cosa. No me lo dijo ningún maestro: así es como lo interpreto yo.
     Para mí, es la forma más cercana al Nirvana que tiene la particularidad de llevar mi conciencia a lo sublime. Para otros, será un arte minimalista nada más decorativo.

“En aquellos cumpleaños, nacimientos, bautismos, en toda convocatoria en la que era invitada, siempre había una Ikebana hacia el objeto del homenaje, que me ponía a mí en la primera fila del agasajo.”

      ¿Cómo hacés para obtener de una composición tan efímera, un legado que pueda sostenerse? Precisamente: la precaria disponibilidad en el tiempo, te hace reflexionar sobre su tan veloz paso por tu vida.
     El Ikebana conlleva su realización en medio de un obligatorio silencio, en donde estás comulgando con vos mismo sin la participación de nadie que no sea la Naturaleza y vos mismo. Es el momento ideal para apreciar esos instantes fugaces que esa misma Naturaleza te hace llegar y sos la única persona en ese instante que le pone atención, justo cuando nadie se percata. Lograr eso que tu imaginación te hizo dibujar primero, es el momento en que se unen la Naturaleza y tu propia Humanidad.
     El hecho de perseverar en la estructura que responde a la del triángulo escaleno gobernada por tres puntos principales que guían tu Destino como el Cielo, la Tierra y el Hombre, es lo que hace que dedicarse al Ikebana, te convierte, finalmente, en mejor persona.