Si el otoño te parece triste, alegrálo con plantas de bulbo.

Coincido con vos: la floración es corta. Pero si armás el jardín con bulbosas que van floreciendo luego de la última, vendrá gente a sacar fotos.

Sigo coincidiendo con vos: las bulbosas implican más trabajo que los arbustos, los plantines de temporada, las gramíneas, las anuales. Ahora coincidí vos conmigo: las satisfacciones que deja una bulbosa, es incomparable con las que te mencioné.

Sí, soy fanático. Bueno; fanático obsesivo, no. Me encantan las bulbosas porque prestigian mi jardín. Viví en una casa, hace algunos años, cuando tenía más tiempo que hoy y me dediqué, el primer año, a plantar bulbos sin recurrir a ninguna otra planta.

El parque ya tenía plantas. Muchas necesitaban renovación, así que acudí a la poda sistemática con la propuesta a cuestas de que el año próximo, me preocuparía por reemplazar algunos arbustos y un par de árboles. La poda me permitió ganar tiempo y me sobró para armarme de una agenda de plantación de bulbos que me dio el resultado esperado.

Esa casa la compré un enero. No es que estaba en malas condiciones; sólo que no le habían dado demasiado importancia a cosas realmente simples. En el jardín, por ejemplo, había una pequeña fuente de agua que no había sido sometida a mantenimiento alguno en el último año por lo menos. En el parque había varias luces ubicadas estratégicamente, pero las bombillas estaban quemadas. Además pertenecían a la vieja generación, que, si bien iluminaban perfectamente, no había posibilidad de generar efecto alguno.

En los lugares en donde se habían construido canteros para lucir flores, me di cuenta, por los residuos que había de plantines viejos, que nunca había habido plantas de bulbos. Y entonces, me iluminé. ¿Por qué no? me pregunté. Lograría una postal holandesa éste primer año y luego vería. Te confieso dos cosas: viviría en ese casa (ya estaba planeado así) no mucho más de cinco años y luego la vendería. La segunda y es lo que más lamento, no tengo fotos de lo que logré. Pero abriré tu imaginación si puedo y, de alguna manera, verás lo que hice.

 NARCISOS, TULIPANES, JACINTOS Y CROCUS

¡Pavada de compromiso asumí! Pero era mi objetivo y te lo podés cargar vos también, si es que tenés ánimo y un poco de paciencia. No mucha tampoco.

Te vas a encontrar con bulbosas que retienen follaje y otras no. La Clivia, el Agapanthus y la Hemerocallis son de follaje perenne y las Freesias, las Marimonias, los Tulipanes y los Narcisos, son de follaje caduco. Desde luego que hay muchísimas más, pero mi plan circunscribía a esas nueve.

Plantándolas seis meses antes de la floración, puedo asegurarte que las flores viven más y mejor. Como norma establecida, no te equivocás si plantás al doble de profundidad de lo que mide el bulbo. ¿Se entiende? Un bulbo de 5 centímetros de alto, debe ser plantado a 10 centímetros de la superficie del suelo.

La gran mayoría de los bulbos florece en primavera (ese era mi objetivo), por eso es bien indicado plantarlos a comienzos del otoño y no mucho más allá de su mitad (digamos, fecha límite ¡hoy! 15 días antes de terminar Mayo). Algunos viejos jardineros (perdón por lo de viejos; se dice así: algunos jardineros de la vieja escuela… Ahí quedé bien, ¿no es cierto?) recomiendan echarlos en un balde con agua durante un par de horas. En realidad, según mi experiencia: ni bueno ni malo; no pasa nada. Si necesitás algún tiempito corto para preparar el cantero, sumergílos. Yo lo hice y no encontré ninguna diferencia en el resultado.

En lo que sí aciertan estos jardineros, es en preparar la tierra del lugar con harina de hueso que tiene un rico contenido de fósforo. Tenés el cantero; esparcí harina de hueso a razón de 50 gramos por metro cuadrado y revolvé la tierra hasta 10 centímetros de profundidad.

La harina de hueso no solamente estimula grandemente la floración, sino que fortalece los tallos de las plantas, lo que es súper necesario porque cuando sucede la floración, estamos justo (por lo menos en Argentina), en presencia de vientos importantes. Aún así, en aquella ocasión, yo me esmeré y las sujeté con tutores de madera que obtuve de una carpintería, así que me quedaron maravillosamente bien porque los hice cortar a la misma altura y los pinté de verde para que pasaran desapercibidos (no quería que se vieran), lo que logré en un 99 por ciento. ¡Hasta los até con hilo de color verde! ¡Qué trabajos me tomaba!

Te voy diciendo los pequeños inconvenientes visuales con los que te vas a ir encontrando. Vos nada más leé: hacé de cuenta que me vas a hacer caso. Dejáme pensar a mí.

El cantero de bulbosas tiene que ser de bulbosas. Desechá la idea de mechar alguna plantita tipo arbusto, gramínea o lo que sea. Quizás te acepte un árbol, pero, ¡no me interrumpas! Dejáme seguir. ¿Qué pasa cuando decidiste hacer un cantero de bulbosas?

Lo que pasa es que no se ve nada: suelo muerto, seco… Nada. Claro: los bulbos están debajo de la superficie. ¿Sabés cómo lo solucioné aquella vez? El dueño de la casa de materiales de construcción donde compraba para encarar algunas reparaciones, me regaló una bolsa de vidrios rotos de mil colores que no le servían para nada. Algunos pedazos un poco más grandes, me ocupé yo mismo de romperlos para achicarlos aún más y los esparcí en el cantero. Desde luego, no ocupe todo el cantero: fui bastante discreto. El hecho es que me quedó precioso en principio y mucho más, cuando empezaron a salir las primeras hojas. Te regalo la idea; mirá vos.

Me voy a adelantar (y me adelanto bastante, porque fue y es muy importante éste consejo) en el tiempo. Cuando terminó la floración (si no recuerdo muy mal, tuve flores hasta Noviembre), procedí a quitar los bulbos del cantero. Ya no había hojas tampoco. Las limpié una por una (usé un cepillo muy útil no demasiado grande y de cerdas suaves), podé las hojas secas que algunas tenían aún y las metí a todas en bolsas de papel madera.

El método de almacenamiento es absolutamente doméstico: se deben guardar las bolsas en el cajón de verduras de la heladera (la parte de abajo), porque los bulbos requieren de cierto frío y el que proporciona la heladera ahí abajo es bastante ideal.

Mi problema era que yo tenía muchos bulbos, así que no me alcanzaron los cajones. Pedí auxilio a mi mamá que, (como tu mamá también) aceptó llorando pero se tranquilizó cuando le aseguré que le regalaba la mitad. ¡Pero tampoco me alcanzó!

La otra parte de la solución estuvo en un rincón del jardín al que no llegaba aún. Un rincón bastante frío. Raspé dos metros cuadrados de césped, deposité todos los bulbos restantes en esa superficie, los cubrí con hojas caídas del otoño y a la vez, las cubrí con arena. Todas las mañanas regaba, pero no mucho. ¡Exitazo! Al otoño siguiente, los bulbos estaban impecables.

Los Jacintos fueron los primeros en florecer esa primavera. En el cantero que les tocó, recuerdo que la tierra era poco porosa y apenas un tanto amarilla. No me preocupé: añadí una carretilla de arena (una carretilla no grande y no llena) y mezclé enérgicamente, eso sí. Las plantas evolucionaron bárbaro.

Debo decirte que después de la floración y cuando se secaron las hojas, cavé para rescatar los bulbos y advertí que tenía, mínimo, el doble de lo que había plantado. Mi mamá no me lo agradeció: me mandó carta documento para que pare de regalarle bulbos de Jacinto.

Debería dejarlo para el final de la nota, pero no puedo quitarme de la cabeza el avance de los Crocus. Es que los planté siguiendo el borde del camino que conducía a la casa de los dos lados.

Primero, cavé el cantero. Doce metros de camino sinuoso de 60 centímetros de ancho; ideal para una persona. A cada cantero le di 40 centímetros de ancho porque me propuse hacer una doble fila de bulbos. Cuando florecieron… ¿Qué te puedo contar? Mirá: hay una anécdota que te disparará la imaginación y comprenderás cómo se había conformado el cantero.

Una tarde de día de semana, estaciona un auto frente a casa. Se baja una parejita joven (yo los espiaba desde la casa) y tocan la campana. Tenía una campana como llamador.

Con mucha timidez y no poca vergüenza, me anuncian que el sábado próximo se casaban. Y venían a pedirme permiso para pararse en ese caminito y sacarse la foto al exterior rodeados de Crocus.

¡Mi orgullo! Desde ya que los autoricé y hasta les compré dos botellas de vino en caja de madera, que les regalé después de las fotos ese sábado. Si supiera dónde viven, les pedirías las fotos o les entro una noche de estas y se las robo.

En la próxima nota me vuelco un poco más a la técnica y te explico cómo planté cada bulbo para no volverme loco.