Un dinosaurio en tu parque.

El Ginkgo los vio. Tenés que tener un Ginkgo.

      Si Tenés un parque o un parquecito (tal como concibamos “parquecito” en esta parte del mundo), tenés que tener un Ginkgo. ¿Por qué? Porque vas a ser propietario de un árbol que por poco vio cómo se hizo el mundo: se han encontrado restos petrificados de Ginkgo, con más de 200 millones de años. Es considerado la especie vegetal viva más antigua del mundo.
       Algunos lo denominan Árbol de los 40 Escudos. Cuando recién me inicié en ésta actividad, un cliente de esos que es mejor no tener porque pretende que todo lo sabe, me decía que esa acepción venía del hecho de que el célebre Judas se había ahorcado en un Ginkgo. Me lo creí durante un tiempo, pero siempre dudando así que jamás se lo comenté a otro cliente. Zafé de toda chanza, afortunadamente.
       Lo más probable que haya sucedido fue que un francés le compró a un cultivador inglés, unos Ginkgos a razón de 40 escudos cada uno, lo que significaba un fortunón. En el contexto anecdótico, algunos lo llaman “Pie de Pato”, por la forma de sus hojas.
       No importa lo que haya pagado, el hecho es que el Ginkgo es un árbol único. Y único en todo sentido, porque dentro de su categoría, no le quedan (o a lo mejor nunca tuvo) ningún pariente.

      No les fue fácil a los científicos clasificar a éste árbol. Que se trata de un fósil del planeta, es seguro. Algunos piensan que el Ginkgo estaba destinado a ser una conífera, porque si observás bien de cerca las hojas, aparecen filamentos muy delgados pegados unos a otros que si pudieran separarse, serían hojas de pino.

      Un Ginkgo puede llegar a los 30 metros de altura. Tienen sexo separados: los masculinos presentan numerosas flores amarillas agrupadas y en los femeninos, las flores se encuentran en grupos de 2 o 3. Luego del proceso de transformación, se produce una semilla blanda de color marrón claro.

      Cuando la semilla se abre, despide un olor rancio que mucha gente que ha tenido la oportunidad de soportar su aroma, la designa como la de una peste. Esto sucede porque los árboles actuales generan semillas con capacidad de reposo, o sea la semilla una vez que se forma, puede estar años en estado latente hasta que encuentra condiciones apropiadas y germine. Los Ginkgos antediluvianos no tenían esta capacidad de reposar sus semillas. Por eso cuando el ginkgo hembra hecha frutos, estos maduran y rápidamente la semilla empieza a germinar. Sucede entonces que el fruto se pudre y “apesta”.

      Hoy se sabe que el Ginkgo tiene propiedades curativas, reparadoras y de embellecimiento y es por eso más que nada, que la mayoría de la gente lo conoce o escuchó hablar de él.

      Las hojas del Ginkgo contienen flavonoides. Los flavonoides poseen propiedades muy apreciadas en medicina: son antimicrobianos, anticancerígenos y disminuye el riesgo de enfermedades cardíacas, entre otros efectos.

      Wikipedia cuenta que un año después del estallido de la bomba atómica de Hiroshima, a un kilómetro de distancia del epicentro de la explosión, un viejo Ginkgo destruido y seco empezó a brotar, mientras que un templo construido frente al mismo fue destruido por completo. Para los sobrevivientes se transformó en símbolo del renacimiento.
       Más allá de las beneficiosas y enormes cualidades de éste árbol, tengo que decir que el GinkgoBiloba es muy apreciado en jardinería por su porte majestuoso. Definitivamente, nunca un Ginkgo pasará desapercibido, especialmente a partir del otoño cuando sus hojas comienzan a virar hacia el dorado intenso y concluyen en un amarillo ligero para luego caer definitivamente hasta la primavera. Para muchos no florece o cuando florece es un acontecimiento, pero esto no es así: un Ginkgo florece después de 20 años de vida, por eso es raro en muchos que lo aprecian. Aclaro que un Ginkgo puede llegar a vivir mil años.
       Se lo usa en parques, pero también en calles, plazas y avenidas. Tiene una sorprendente capacidad para resistir los aires contaminados y enrarecidos de las grandes urbes. Por eso es ideal en ciudades.