Todos tus deseos en una fuente.

En buen castellano, se las llama albercas. Los deseos, sólo con monedas.

TENÉ TU PROPIA FUENTE Y RODEALA DE LAS MEJORES PLANTAS

Quién duda que una fuente embellece y prestigia tu jardín? La finalidad debe ser rodearla de plantas acuáticas y otras, que contribuyen a emperifollar de tal manera, que resultará una dicha visitarla y hasta armarse de un rincón de estar para pasar horas cerca de ella.

¡Hasta peces podrías tener! Pero vamos por parte. Si vas a tener una fuente proyectá plantas apropiadas que, podrán ser muy lindas, pero merecerá que haya acuáticas por antonomasia. Así que el lugar tiene que ser muy bien calculado, para lograr un desarrollo satisfactorio.

Dentro de la lista necesaria de plantas acuáticas, sobresalen las más conocidas: las ninfas (o flores de loto), los jacintos de agua, los sagitarios, las salicarias. Según aquellas que elijas, ubicarás la fuente a pleno sol o a media sombra, en un lugar abierto o, a veces, resguardado del viento.

Una fuente resalta aún más, si puede estar empinada sobre una rocalla. Para eso, deberás pensar en piedras. Vas a encontrar una diversificación fabulosa que te hará pensar concienzudamente en cuál elegir. Pensá en vos mismo: ¿cuál tu estilo? Hay piedras conocidas como cantos rodados que son redondas y bastante manejables y hay otras, conocidas en la jerga como las piedras de Tandil, que suelen ser mucho más pesadas, muy difíciles de manipular, pero muy hermosas a la hora de decorar una alberca.

“Una fuente resalta aún más, si puede estar empinada sobre una rocalla. Para eso, deberás pensar en piedras.”

Los lugares a elegir siempre dependerán de vos, pero lo más agraciados suelen ser por delante de un seto vistoso que tenga un mantenimiento adecuado, un borde de florales dispuesto en media luna o debajo de un sauce llorón o, mejor aún, de un sauce eléctrico cuyas puntas de su copa rocen el suelo. Muchas veces, un enrejado solitario también es un buen lugar.

También tiene lugares complejos, que debieras evitar. Al pie de una escalera, te recomendaría que no la construyas: aunque su profundidad no debería exceder los 50 centímetros, los niños y los ancianos encontrarán en ella una dificultad para su desplazamiento o un claro peligro ante una caída.

Tampoco te recomendaría instalar la fuente sin tener en cuenta un acceso que te permita llegar a ella sin tropiezos. El camino puede ser de grava o rodajas de eucaliptus o cualquier otro material que obligue al visitante recorrer el sendero. Esto elimina todo peligro, especialmente si para acceder a la alberca hay que atravesar un jardín plantado.

Nunca ubiques una fuente muy cerca de la zona destinada a los juegos de los niños. Aunque no cuentes con mobiliario para estas actividades, es normal que designes en tu jardín un sitio en donde los chicos podrán correr, jugar a las escondidas o a la mancha y la cercanía de estos elementos complejiza el desarrollo de los juegos.

En otro párrafo te recomendaba poner una fuente debajo de un sauce y aquí viene la salvedad, la excepción que confirma la regla: si sos una persona siempre dispuesta a la higiene de tu jardín no deberías hallar problema alguno. Pero si la limpieza depende de un tercero que te visita una vez por semana o cada quince días, tené en cuenta que el sauce o cualquier otra planta de hoja caduca, deja caer su follaje en el espejo de agua y ensucia.

Por supuesto, las ramas que se mecen apenas sobre la superficie del agua colaboran a convertir al lugar en un sitio muy romántico que convoca. Si aceptás que durante unos cuantos días del otoño deberás dedicarle una hora por día a la limpieza de la fuente, te salvaste.

“Nunca ubiques una fuente muy cerca de la zona destinada a los juegos de los niños.”

Si se tratara de flores que caen sobre el agua, una red de alambre te simplifica el problema y tan solo requerirá de vos unos cuantos minutos. La higienización siempre es imprescindible para evitar el proceso de podredumbre (que puede acarrear malos olores) y mucho más si en la fuente dejás que viva alguna fauna.

Jamás aconsejo terminar la fuente con un borde. Particularmente, no me atraen. Mi sensación es que se ve, se nota, que se trata de una construcción llevada a cabo por una mano humana, mientras que lo que me cautiva es que se parezca lo más posible a algo natural; algo creado por la Naturaleza y que surgió por azar. Es lo más difícil de conseguir, pero si abrís la mente, podés lograrlo.

A mí me gusta que el agua parezca que está rozando el césped; por eso no me agradan los márgenes por encima del suelo. Si no hay más remedio que hacerlo, siempre elegiré cubrirlo con una franja de flores, por ejemplo, pero nunca plantadas según corre el borde sino de una suerte de silabeo que se parezca mucho a lo salvaje.

Entonces voto por el enterramiento de la fuente. La vista será mucho más natural. La idea es que (aunque todos lo sabrán), la alberca apareció ahí; nadie la instaló, nadie la pensó. Cayó del cielo. Esa es la sensación que te aconsejo.

Es de esa manera que parecerá que el espejo de agua formará un todo con el verde circundante. Y así es como se acerca bien pegadito a lo que se entiende como muy natural.

Ya sea que comprás una fuente o la vas a fabricar vos, el método siempre será el mismo: hay que cavar, calcular la profundidad y operar según lo hecho. Siempre el final, será el nivel del suelo. Obviamente, como te habrás dado cuenta, estoy hablando de una fuente simple con la forma tradicional que puede tener un bowl si lo llevás al ámbito de la cocina nada más que para tenerlo como ejemplo.

Pero, claro, hay fuentes o albercas (propiamente dichas, como conseguirías, por ejemplo, en Sevilla), que fueron construidas con cierta complejidad y entonces en ese caso, tendrás que cambiar la planificación. Nunca es malo tener una alberca como centro de atención de un jardín.

“Por supuesto, las ramas que se mecen apenas sobre la superficie del agua colaboran a convertir al lugar en un sitio muy romántico que convoca.”

Si te proponés un jardín distinto, no olvides que siempre tenés la posibilidad de hacer recircular el agua y entonces obtendrías una fuente con agua activa a la que hasta podés hacer… ¡danzante! No me preguntes ahora, pero la probabilidad, hoy en día, de tener un aditamento de estas características, no te imaginás lo cerca que está de vos…

Sólo te diré en esta nota (en cualquier momento retomamos el asunto), que en estas albercas de aguas en movimiento, el mantenimiento disminuye sensiblemente, dejándote mucho tiempo libre.

Por si te quedaste pensando, te dejo un tip que a lo mejor, termina convenciéndote: por lo general, estas fuentes requieren de mayor profundidad. Digamos un metro. En esa profundidad tenés lugar suficiente para instalar la bomba recirculadora. Para contener a las plantas acuáticas que debieran ir en macetas (a ver esa imaginación… Uuhh; ya estoy viendo lo que estás pensando), se pone en el fondo del lago un manto de grava gruesa y encima, un manto de grava fina. Se hace eso para que la maceta llegue al borde del nivel de agua. Entonces las plantas podrán colgar y, a la vez, el agua se mantiene perfectamente limpia.

Fijáte: si quisieras darle un colorcito al agua, bastará con que eches en el fondo unas baldositas rotas de gres o de cerámica barnizada de color azul o verde. Y si le ponés luz, bueno… ¡Invitáme!

Después, mandá imaginación. Pensá en esto: en un ángulo de la fuente, ponés un par de tinajas que, si están sanas, procederás a romperlas, pero, ¡cuidado! Hay que saber romperlas. Rotas de una forma tal en la que puedas plantarle unos geranios colgantes y ubicar las tinajas de manera que jueguen con la superficie del agua y se reflejen las flores.

Si llegamos hasta aquí y todavía estás leyendo pero con los ojos llenos de lágrimas, me estás obligando a darte un nuevo consejo que te puede llegar a perturbar tanto que si lo soportás, hoy no dormís. ¿No dicen que lo que no te mata te fortalece? Entonces, aguantá: una estatua, tal vez de estilo clásico, coronando ese conjunto que te describí y estoy seguro que te vas a vivir al lado de la fuente.

Si no es tu estilo, siempre tenés el recurso de las piedras que, hoy en día, peca de más moderno. Igual, mi recomendación es que lo pienses. Las piedras también te sirven para tapar los bordes odiosos que te comenté, lo que te hará manipular rocas más livianas. Hay que ser muy naturalista para disponerlas, si querés seguir mi consejo de que todo parezca que lo hizo Dios y no vos.

Hay un elemento muy fácil de conseguir y que nunca es demasiado caro, que son las ramas retorcidas. Cuando consigo, prefiero las conocidas como cactus seco o cactus muerto. Esas son geniales.

“A mí me gusta que el agua parezca que está rozando el césped; por eso no me agradan los márgenes por encima del suelo.”

En fin, te hablé más que nada de buen gusto y de atención. Nadie mejor que vos sabrá qué elementos incorporar; sólo tené en cuenta que en muchas ocasiones, un detalle pequeño puede originar una increíble transformación. Puedo referirme a que te excedas como a que te quedes corto. El equilibrio siempre lo obtendrás consultando a tu entorno más cercano, que suelen ser los jueces de lo que elucubres.

Una alberca suele representar la personalidad de aquel que la encare. Por eso es una construcción muy personal. Si interviene un paisajista, sus intervenciones siempre son positivas, pero tu personalidad es tuya: él atenderá tus deseos.

La fantasía come imaginación. Éste es un excelente campo donde podés alejarte de la realidad y desarrollar tu inventiva libremente.