Convirtiendo en amable el espacio.

La gente que te visita lo recibe con alegría y predisposición a la buena onda.

      Habíamos quedado que nuestro vivero hizo un trabajo de ubicación de plantas de interior en una empresa grande de transportes. El número de plantas llegaba a 160. Con esas cubrimos todas las oficinas, especialmente en aquellas en que la gente que adquiría los servicios de la empresa circulaba.
       Los dueños de la empresa eran dos: marido y mujer. Una situación muy curiosa, porque era la mujer la que estaba disconforme con la compra, debido a que no adhería a la idea de tener plantas en las despensas. Sencillamente, no le gustaban.                La mujer estaba a cargo de Contaduría. Era una oficina bastante amplia con ventanales a la calle, en la que si había algo que sobraba era luz natural. Ideal para jugar con las plantas y realizar un trabajo impecable y atractivo.

“Una situación muy curiosa, porque era la mujer la que estaba disconforme con la compra, debido a que no adhería a la idea de tener plantas en las despensas.”

      En esa oficina, tan solo aceptó una sola planta: un pothus de guías muy largas que apoyó en una punta del mostrador. El marido estaba a cargo de la oficina Expedición, que era la encargada de llevar la agenda de entregas. La verdad, ese recinto daba a la playa de camiones: relativamente poca luz y una vista no muy deseable porque lo único que se veía eran vehículos estacionados que impedían ver mucho más allá.
       Sin embargo, fue el departamento que más plantas recibió; si no recuerdo mal, ubicamos unas 20 y, en algunos casos, procedimos al mix que generó mucha más adhesión.

      A ese lugar ingresaba poco público, pero sí empleados: más que nada choferes. Si se me permite, hombres (casi exclusivamente) de clase rústica; se podría decir que no estaban alineados con el proyecto de integrar plantas de interior en ningún  ambiente.
       Si bien uno puede suponer que es el ámbito del dinero el que más visita recibe, no sucedía eso en esta empresa. Fue precisamente la esfera de Expedición, la que más gente registraba. La gente (propios y clientes), acudía permanentemente a esa oficina, cuando no tenían mucho que hacer ahí, aunque sea para saludar al responsable, quien parecía estar siempre dispuesto a tender una mano o para charlar unos minutos antes de irse.
       Incluso los empleados de Contaduría solían acercarse en algún momento del día a Expedición a contemplar el trabajo que se había hecho o, sucedió también, que hubo quienes se habían hecho fanáticos de alguna planta y la iban a “visitar” para ver cómo estaba.

“En esa oficina, tan solo aceptó una sola planta: un pothus de guías muy largas que apoyó en una punta del mostrador.”

      Los empleados, mientras estuvimos nosotros distribuyendo, nos iban preguntando los nombres de las plantas. Entonces ocurrió un hecho muy simpático que hoy en día observamos con frecuencia. Al no retener en la memoria el nombre técnico de la planta, las comenzaron a bautizar con nombres propios o apodos simpáticos para designarlas y no tardaron en incorporarlas a la geografía del lugar.

      Así fue que alguien decía: “Tal carpeta la dejé al lado de Teresita”, siendo Teresita una Areka de porte importante al lado de algún escritorio o “¿Viste el dispenser detrás de Peuchele?”, donde Peuchele se trataba de un ficus benjamina de 2 metros de alto con un tallo similar al de una muñeca de ser humano.
       Quizás en la casa particular de esta mujer haya plantas de interior; no lo sabemos; no lo preguntamos. Por más que las tenga, la imagen que se nos formó fue la de una mujer hosca, sin amigos, sin ganas de tenerlos. El marido estuvo expectante las dos jornadas y preguntando por qué poníamos determinada planta en ese lugar y no en otro; qué tenía que hacer para una prosperara ininterrumpidamente; cuál elegiría como favorita y así.
       Pudimos comprobar que poseer plantas de interior, al menos marca un ánimo, una forma de ser y contribuye a agrandar la lista de amigos. Amigos que perciben buenos tratos y mejor onda de parte de aquellos que convienen en tenerlas, que en aquellos que no las aceptan.