La privacidad ante todo (1ra. parte).

Las plantas para cercos cubren tus movimientos. A nivel del suelo, obtenés lo que buscás: que nadie te mire.

PLANTAS PARA CERCOS

CUÁLES
        Depende de lo que quieras.

A partir de aquí sería prudente separar las cosas en dos grandes grupos iniciales que, a su vez, se dividirán después en sub-grupos.

        Los dos grupos iniciales deberían ser: cercos y cortinas; entendiéndose por cortinas aquellos árboles que, por su altura, tienen la capacidad de sostener un viento fuerte. Si bien los cercos cumplen con una finalidad similar, no son plantados precisamente para servir de amparo contra esos vientos.

Comencemos por los cercos y, tal como lo venimos planteando en todo nuestro site, iremos incorporando periódicamente, los otros ítems.

Un cerco formal atenta contra la individualidad de la planta, en provecho de un beneficio específico para el que es creado. Un cerco informal conserva aún las peculiaridades particulares de cada planta, pretendiendo un resultado idéntico que el anterior pero no siempre logrado.

Aclaremos esto: un cerco formal, es una hilera de arbustos —por lo general—, idénticos, que al ser plantados en fila se mimetizan unos con otros, formando una pared vegetal que cubre una necesidad buscada.

El informal, hasta puede darse el lujo de no coincidir sobre una misma línea: puede zigzaguear, puede dejar claros entre grupos, puede ser armado como islas con istmos. Si lo que se quiere de éste último es lo mismo que lo que se quiere del anterior, se puede obtener una frustración; ya explicaremos por qué.

“…un cerco formal, es una hilera de arbustos —por lo general—, idénticos, que al ser plantados en fila se mimetizan unos con otros, formando una pared vegetal que cubre una necesidad buscada.”

Detengámonos por ahora en el cerco formal.

En la gran mayoría de los parques y jardines, estos cercos son plantados con diversas finalidades. Se capta que el propósito de mayor recurrencia es el de establecer los límites del terreno o de zonas que son imprescindibles de guardar y la preservación de la intimidad al aire libre.

Otros usos son la separación de la zona del jardín de la del huerto; crear un lugar para tender ropa; marcar senderos de acceso para evitar el desgaste del césped; separar la casa principal de la del casero o huéspedes; ocultar un sector de desechos y varias más.

La elección de la especie, debe depender de la función que ejerza y la altura que se pretende como máxima. Cuando se sabe que la altura puede ser elevada porque el terreno es grande, hay que tener bien en cuenta que la sombra puede afectar al césped y las nutrientes del suelo pueden verse afectadas.

El cerco perfecto tal vez ni exista. Es perfecto en tanto y en cuanto satisface las razones por las que se ha decidido plantarlo. Un cerco vivo necesita atención, pero no crean que un cerco muerto (una pared, una reja), puede pasar temporadas enteras sin mantenimiento alguno. De hecho, un cerco vivo aporta el beneficio del color, el aroma, el filtro y la sensación de libertad. Ninguna pared en el mundo ni reja en el universo, causan una sensación mínimamente parecida.

Antes de pasar a las variedades factibles de tener en cuenta, es mejor que veamos ciertos aspectos técnicos imprescindibles para lograr un cerco excelente.

PODA Y RECORTE

La diferencia entre una y otra son sensiblemente distintas.

Las podas suelen ser definitivas en cuanto a la fisonomía de la planta; su aspecto exterior. Los recortes son nada más que mínimas correcciones que se hacen a lo largo de la vida del cerco.

Es muy importante para un cerco, conservar las ramas basales. Esas ramas que surgen del tallo y cerca de la superficie del suelo. Un buen cerco, si estás por comprar uno, debe tener todas sus ramas basales intactas. Después de la plantación y durante todo el primer año, lo ideal es dejar crecer a las plantas tanto en ancho como en altura, para proceder luego a lo que se denomina la poda inicial.

Y aquí es donde las ramas basales adquieren su mayor importancia.

Teniendo a la planta con todo el crecimiento vigoroso del primer año, con pararse mirando su perfil, puede notarse dónde se pueden efectuar los cortes de formación. Ninguna rama basal debe ser cortada a ras del tronco; la medida de extensión que uno elige que tenga, debe ser la máxima para la base y para cerrar una poda correcta, debe irse achicando según vaya subiendo.

El recorte es una actividad propia del segundo año y complemento de la poda de formación; por lo tanto, su importancia se realza, porque es la que deja al cerco con el aspecto con el que se verá en el futuro, si el mantenimiento posterior es el adecuado. Por esta razón es imprescindible ejecutarlo, porque determina la densidad del mismo, confirma la altura elegida y crea la forma deseada.

“La elección de la especie, debe depender de la función que ejerza y la altura que se pretende como máxima.”

El mantenimiento del cerco ya establecido es muy importante porque si no se lo continúa, es muy probable que se deforme. La restitución de esa forma suele ser muy complicada, cuando no imposible. Es preciso mentalizarse con la utilización de las herramientas apropiadas para esta tarea: tijeras y cortadoras eléctricas o nafteras son las ideales. Toda herramienta que produzca un desgarro (serrucho, motosierra), debe ser evitado.

La explicación es sencilla: las tijeras (o las cortadoras, que utilizan el mismo principio. Las cortadoras cortan por “deslizamiento” de una espada móvil encima de una fija), producen un corte limpio sin escoriaciones en los vasos linfáticos o en la corteza. Los serruchos, “rompen” los tejidos atrofiando los extremos de los vasos, ocasión que aprovechan distintas bacterias para alojarse y formar un caldo de cultivo que extermina a la planta y que si es poderoso se traslada a las demás.

En cualquiera de los dos casos, un buen trabajo se termina “pintando” la herida con un funguicida (muy bueno el Polisulfuro de Potasio), en sus dosis recomendadas y un par de horas después, “parafinando”, o sea, “pintando” con parafina líquida, las mismas heridas.

La parafina se compra en las ferreterías, es de un valor muy accesible y se la calienta para que se derrita. Estando tibia, con un pincel viejo se lo pasa embebida por el corte y éste queda como chorreado de velas. Se sella de ese modo la lesión, impidiendo el ingreso de organismos extraños indeseables.