La privacidad ante todo (2da.parte).

Las plantas para cercos cubren tus movimientos. A nivel del suelo, obtenés lo que buscás: que nadie te mire.

PLANTAS PARA CERCOS

CUÁNDO

Los viveros de hoy en día, se han preocupado desde hace tiempo evitar el “cuándo”. La tendencia inevitable es vender plantas envasadas. Esto es lo que evita el “cuándo”, ya que al estar la planta en un contenedor, las temporadas quietas de plantación se extienden al año entero por su condición de trasladables.       De todos modos, las apreciaciones a tener en cuenta son muy importantes. El cerco que se instale durante el otoño y el invierno, llega casi anclado para la primavera y con menos exigencias para el verano (hagamos la salvedad: depende del verano). Un cerco plantado en otoño o invierno, puede carecer de envases. Según la especie que se elija, el viverista le aconsejará con precisión cuál es el “packaging” adecuado.Si va a plantar ligustrina, seguramente la adquirirá a raíz desnuda. Puede comprar en terrón los cotoneaster, las abelias, los laurentinos. Envasados siempre estarán los cipreses lambertianas, los crataegus. Aún así, todas estas variedades las podrá conseguir envasadas, que es el método mayormente elegido por los productores, dado que es también el que más seguridad ofrece.

En otros sectores de nuestro site, encontrarás varias veces la misma reflexión. Un árbol en contenedor tiene tanta garantía de vida, que sólo un hecho fortuito acaba con él. Y generalmente éste hecho suele ser un accidente o un agente externo a la fisiología del árbol. Podemos explayarnos sobre eso en cualquier momento.

“Un árbol en contenedor tiene tanta garantía de vida, que sólo un hecho fortuito acaba con él.”

De cualquier manera, el cerco implantado en otoño o invierno, requiere de un riego inicial bien abundante al término de su plantación. Es imprescindible asegurarse que el tutorado sea lo suficientemente seguro como para evitar cualquier movimiento radicular de la planta y entonces todo irá perfecto. Los riegos posteriores dependerán de las condiciones climáticas, a las que hay que tener siempre presentes. Si nos encontramos en períodos lluviosos, desde ya que hay espaciar los riegos y hasta eliminarlos por completo. Si en cambio es de sequía, un riego semanal será suficiente siempre que cada una de las plantas tenga una cazuela al pie u olla de retención de agua, que se construye con la misma tierra sobrante de la plantación.

A partir de la primavera, es necesario ajustar la frecuencia. Si la primavera es otoñal, como ha sucedido otros años, el riego no debería registrar modificaciones. Si en cambio la temperatura es progresivamente alta, a las plantas debe llegarle agua un poco más seguido. Es a partir del verano, el primer verano después de la plantación, cuando las cosas pueden alterarse. Si la temperatura es alta y pareja, la frecuencia de riego puede llegar hasta a día por medio. Siempre es conveniente regar mucho una vez y no poco todos los días, porque las raíces aprovechan mejor la abundancia. Como siempre, no hay que perder de vista el hecho de que pasarse de agua es un problema y quedarse corto es apenas una contrariedad.

DÓNDE

Desde luego, un cerco puede uno ponerlo donde quiera siempre que los reglamentos internos no lo prohíban o los buenos modales con el vecino se vean afectados. Las limitaciones son más bien personales y sólo ocasionalmente legales. De ninguno de esos casos nos ocuparemos acá. Para la parte que nos compete, veremos de colocar el cerco en un lugar que resulte práctico y que no tengamos que arrepentirnos de haberlo hecho.

Más allá de la apreciación del propietario sobre la ubicación, es determinante conocer la altura que tendrá el cerco. Todo puede solucionarse si el proyecto involucra la poda. De no ser así, un cerco alto puede terminar siendo una dificultad porque transmite sombra a lugares destinados a ser patios de sol y modifica la situación anterior a la plantación.

Consideremos que el cerco va a ser podado y sostenido. La distancia entre planta y planta, también depende de la altura a la que se le permita llegar. La ecuación es sencilla: si se quiere tener un cerco de dos metros de alto, la distancia entre plantas no debe exceder el metro. Esta medida debería ser siempre la mitad de la altura al que se lo quiere llevar. Si querés un cerco de tan sólo un metro de alto, no plantes a más de cincuenta centímetros una planta de otra.

En contraposición, si corresponde, si deseás un cerco de 4 metros de alto, la distancia de plantación debe ser de 2 metros. Se entendió, ¿verdad?

“Consideremos que el cerco va a ser podado y sostenido. La distancia entre planta y planta, también depende de la altura a la que se le permita llegar.”

La cuestión que sigue es un conflicto histórico. Si plantás sobre la línea perimetral o debés retirarte de la misma, muchas veces uno lo evalúa desde el corazón. Por experiencia, sabemos que difícilmente se plante sobre la línea de modo tal que el 50% de la planta es tuyo y el otro 50 es del vecino. Si la idea es tuya, no hay duda que plantarás sobre lo que es tu terreno. A partir de ahí, será posible obtener (o no) del vecino, la solidaridad necesaria como para que él se haga cargo del mantenimiento del lado que le corresponda, en beneficio de la planta en primer lugar y del tuyo en segundo porque si él responde con justicia, no tendrás que pedir permiso para ingresar a terreno ajeno y podar una planta que disfrutará tu vecino. ¿Fui claro?

Si tu vecino es la calle, no hay conflicto. Hay más mantenimiento sin duda, porque en ese caso, sos vos el que debe dar la vuelta para podar ambos lados.

Cuando hablamos de cercos, por regla general, nos referimos a cualquiera que podamos controlar. Tanto en altura como en ancho y a través de la poda. Si existiera un cerco estándar, las medidas deberían ser 180 centímetros de alto, por 50 centímetros de ancho. Teniendo como ejemplo esas dimensiones, podemos obtener un claro panorama de la ubicación de cualquier cerco que queramos emprender. La altura propuesta no molesta para nada al terreno circundante y jamás llega para impedir que cosa alguna ocupe los cielos, pero cubre las expectativas de intimidad y protección que uno pueda haberse imaginado. Con el ancho sucede lo mismo. Cincuenta centímetros no es un espacio de terreno por el que uno llore por perder, más cuando lo ocupa un objeto sumamente necesario.

CÓMO

Podés creer que hay una sola manera de plantar un cerco; o sea, haciendo pozos. No es así. Si comprás ligustrina, el vivero te la venderá a raíz desnuda en la estación fría. Y aquí empiezan los problemas. Un cerco a raíz desnuda, necesita una preparación previa que te puede abarcar varios días de la semana.

No se puede abrir los hoyos el día que llegan las plantas: los mismos deberán estar abiertos antes de la llegada o se perderán las plantas, no importa la época en que se esté plantando. Si no se pudo trabajar antes, cuando tengas las plantas en tu terreno deberás abrir un hoyo lo suficientemente grande como para poner a todas las plantas dentro de él, a modo de asegurarte que las raíces no sean afectadas por el frío o el sol e ir sacando de ahí a medida que las vayas necesitando.

La otra contrariedad es que la ligustrina se planta a 20 centímetros de distancia: los pozos consecutivos se convierten en zanja, lo que implica más mano de obra. Regar implica una consecuencia tediosa: la tierra cuando es mojada, cede por esponjamiento hasta un 40% y al estar contenida en una zanja, el movimiento que produce afecta la estabilidad de las plantas. Entonces corresponde enderezar a cada una de ellas, pero estando el piso mojado, el trabajo se complica.

Bueno, acabemos: No plantes un cerco de plantas a raíz desnuda. No plantes un cerco que te demande abrir una zanja.

Los viveros no hemos podido solucionar ese problema (podríamos haber envasado a las ligustrinas y listo), por una cuestión económica: el envase sale más caro que la misma planta. Además, no queremos solucionar el problema: la ligustrina es una planta que crece tan rápido, que exige un servicio de mantenimiento mucho más consecuente que cualquier otra especie que se utilice para ese fin. En verano, que es la época en que uno más quiere descansar, tiene que podar la ligustrina cada quince días, siendo que hay variedades que nada más piden una poda anual, como, por ejemplo, el ciprés lambertiana.

De hecho, la enorme mayoría de las plantas destinadas a cerco se venden envasadas o en terrón. El terrón implica ciertos riesgos que deberá ser conveniente cubrir, como es la anticipación del hoyo a la llegada de las plantas. Pero no es lo mismo hacer un pozo para una planta en terrón, que para una en contenedor.

Por regla general, la del terrón necesita un hoyo más grande (vea CÓMO PLANTAR ÁRBOLES en nuestro site) y eso sube los costos, además de comprometer severamente el trabajo, porque si en el transcurso de esa semana de labores, una lluvia se desprende del cielo, se pierde un elevado porcentaje de lo que se hizo.

El hecho de que los hoyos sean cubiertos por agua, atrasa a la plantación. Una vez que salga el sol, debe vaciarse los pozos con una lata y por lo que queda adentro debe esperarse que la evaporación haga lo suyo. Esto modifica las condiciones físicas de ese pozo; habrá más burbujas de aire, será más difícil la adherencia al terrón, el estado húmedo de la zona puede estar excedido.

“De hecho, la enorme mayoría de las plantas destinadas a cerco se venden envasadas o en terrón.”

Cosas que no suceden con plantas envasadas. En estos casos, los hoyos se abren a medida que se va plantando. Las plantas que no pudieron ser colocadas ese día, se agrupan en alguna parte, se atan, en todo caso, para que el viento no las tire al piso y al día siguiente se continúa de la misma forma. Si llueve pues, nada, se deja todo como está y cuando haya sol se reanuda la tarea.

Las plantas envasadas tienen un futuro perfecto en nuestra cultura: son trasladables, adquieren tamaño y forma adecuados, es más fácil su adaptación a suelos difíciles, no revisten riesgos serios, no están apuradas para ser plantadas y son sumamente económicas. Y para el caso de los cercos, tienen el porvenir garantizado.