Definitivamente, la baronesa del reino vegetal.

La distinción de una orquídea es comparable a una joya.

– Una orquídea en el tronco de una palmera –

      No dejo de arrepentirme, pero, a la vista de aquellos recordados acontecimientos, en mi favor sólo puedo alegar que no me quedaba por hacer otra cosa.
       En el 2012 visité la República hermana de Colombia. Específicamente el Departamento de Manizales. Para nosotros, la provincia.
       En la Ciudad de Caldas hay un lugar hermoso que se llama El Recinto del Pensamiento. Voy a contar muchas cosas sobre éste lugar en el blog. Es un sitio montañoso cuyo tamaño es de unas 180 hectáreas. Una belleza de lugar, déjenme decir.
       El Recinto tiene numerosos lugares de interés que mencionaré en el futuro porque tienen relación con las próximas notas. Pero hoy, puntualmente, me quiero referir a una anécdota, desafortunada para mí, pero necesaria porque contarla me provoca hacer catarsis.
       El Recinto lo recorrí desde su entrada desde la Vía Magdalena hasta su final quién sabe dónde y regresé a la entrada para irme. Estaba fascinado por la cantidad y la intensidad de cosas que veía y no paraba de disparar el gatillo de mi cámara digital.

– Una orquídea en el exterior –

      No tuve la precaución de leer el folleto que tuve en mis manos apenas ingresé y fue por esa razón que incurrí en el error de no estar preparado para lo que venía más bien cerca del recorrido final. Luego de visitar todas las dependencias de ese maravilloso lugar, un señor nos anuncia que faltaba la frutilla del postre. La misma era recorrer una porción (al menos una porción) de lo que por allá se conoce como jungla y en Argentina sólo se imagina.
       Fue entonces que entendí varias diferencias que alguna vez había leído entre bosque, selva y jungla. Puedo decir que selva y jungla son conceptos iguales, pero no así el bosque. El concepto jungla se utiliza en función de otro contexto. La Ciencia explica que el bosque tiene tres estratos: el arbustivo, el sotobosque y el estrato superior, mientras que la jungla tiene cinco o más. Cada estrato es muy importante porque alberga, a la vez, numerosas y diferentes comunidades ecológicas, siendo por ello, contenedora de mucha más biodiversidad. Fui testigo de esto que digo.

“Fue entonces que entendí varias diferencias que alguna vez había leído entre bosque, selva y jungla.”

      De hecho, nuestro guía nos condujo por un estrecho camino muy accidentado que iba cambiando su fisonomía en la medida en que íbamos profundizando. La luz del sol parecía perder fuerza, se sentía en las fosas nasales y a la larga en todo el cuerpo la presencia de la humedad que parecía empujarnos hacia arriba, la temperatura fue modificándose hacia menos y en los oídos se estaba produciendo un cambio que, de alguna manera motivados por el viaje hacia lo desconocido, no podíamos dilucidar de qué se trataba.

– Las lianas de Tarzán –

      Lo primero que me advirtió que estaba cambiando de escenario, fue enredarme sin darme cuenta en un sistema complejo de lianas que pendían de un árbol inmenso. Nada me pasó; el hecho fue jocoso; todos nos reímos. Seguimos caminando.
       El avance se dificultaba, pero comenzábamos a ser testigos de decenas de hechos soberbios que costaba creer. ¡Eran orquídeas! ¡Orquídeas en vivo y en directo en su mismísimo hábitat natural! ¡Orquídeas prendidas como los bebés orangutanes a sus madres o como los koalas, lo mismo! Era emocionante; era fascinante; era único y era increíble.
       Pero, ¿qué pasaba conmigo? Me detuve sin poder creer que el destino me estaba jugando una tan mala como cruel pasada: ¡Mi cámara de fotos se agotó de memoria y me quedé sin sacar más fotos de las mejores orquídeas del planeta!