El suelo ¿es simplemente suelo?

Cuántas cosas creemos saber y apenas sabemos.

– Un suelo problemático –

No nos hacemos la pregunta, pero cabe. ¿Por qué debería modificar un suelo para plantar cualquier planta, siendo que en lugares inhóspitos crecen sin problemas?
     Nos ha sucedido, pero no le hemos prestado atención. Nos vamos de vacaciones buscando paisajes y encontramos en las praderas y en los bosques, plantas que nadie ha plantado. Están ahí y, por los tamaños que se aprecian, podemos deducir que hace años viven bajo las condiciones ambientales que nadie más que la Naturaleza provee. Pero, si tengo que plantar mi jardín, la cosa cambia y debo procurar darle al vegetal, todos los medios necesarios para que sobreviva.
     La Biología conserva una estadística muy curiosa a la que muy poca gente tiene acceso. Y no es porque se trate de un secreto, sino, simplemente, porque no es un guarismo que tengamos prioridad en consultar.

“¿Por qué debería modificar un suelo para plantar cualquier planta, siendo que en lugares inhóspitos crecen sin problemas?”

Sólo una de cada cien semillas (hay lugares que éste fenómeno se da cada mil), que caen de un fruto al piso tiene posibilidad de brotar. Utilicemos la lógica por un momento: si toda la tierra del mundo estaría compuesta químicamente del mismo modo y el clima no cambiaría a lo largo del año, las plantas se habrían extendido de una manera que podemos llamar espantosa, cubriéndonos irremediablemente convirtiendo al mundo en una jungla sin solución de continuidad.

      La Naturaleza sabe lo que hace, ¿no es cierto?

     Debe ser por eso que dotó a cada planta de necesidades concretas y específicas para su normal desarrollo. Donde no se alcanzan esas necesidades, no hay proceso posible de supervivencia.

– Suelos de jardines –

Todas las plantas requieren de condiciones ambientales propias que abarcan desde el clima propicio hasta la humedad correspondiente. La calidad del terreno, la forma en que le llega la luz y muchos otros registros que mantienen a la vida en la Tierra en cómodo equilibrio. A ese conjunto que integra la fauna, la flora, el aire, el agua, se le concedió el nombre de “Ecología”.
     Entonces ahora sí, podemos decir que conocemos de algún modo, por qué hay plantas que viven sin problemas en condiciones que se nos antojan contraproducentes y la razón por la que debemos cuidarlas en nuestros jardines.
     Se entiende por suelo la capa superficial de la Tierra, que no responde a ninguna uniformidad, sino que está compuesta por una estructura determinada.
     A esa zona superficial se la conoce como suelo activo y su espesor varía según donde estemos, aunque podemos decir que la parte que utilizamos para tener un jardín funcional, suele ser de 30 centímetros, aproximadamente.
     En ella está presente la tierra propiamente dicha en mezcla constante con sustancias orgánicas (sean hojas, raíces) y piedras (que no son orgánicas).

“Sólo una de cada cien semillas (hay lugares que éste fenómeno se da cada mil), que caen de un fruto al piso tiene posibilidad de brotar.”

Más abajo hallaremos una zona intermedia a la que llaman suelo inerte, que normalmente tiene un espesor más profundo que el activo. Aquí observaremos que cambia su color, se vuelve más claro, es mucho más compacto, suele pegarse en la hoja de la pala y contiene piedras más grandes.

      Más abajo aún (pasando, en algunos lugares los 50 ó 60 centímetros), nos encontraremos con lo que ya podemos llamar subsuelo, cuya composición determina el grado de permeabilidad.