Aunque el viento sopla fuerte, los pedidos se entregan

Los clientes están esperando en sus casas con personal listo para plantar.

      Miguel me propone no preparar todos los pedidos de una vez. La idea inicial fue hacerlo y después atracar la camioneta o el camión e ir cargando por orden para salir a la calle y entregar en domicilio. Tener todos los pedidos cargados y ordenarnos por distancia. Pero el viento nos hace cambiar los planes.

      No podemos dejarlo para el día siguiente, porque los clientes están esperando en sus quintas. La idea es cargar un pedido, llevarlo y regresar a buscar el que sigue. Vamos a perder mucho tiempo y dinero, pero el viento nos hace correr otros riesgos que tienen que ver con la felicidad de quienes nos compran: una planta rota que pase desapercibida, es un cliente enojado. No podemos permitirlo.

“La idea es cargar un pedido, llevarlo y regresar a buscar el que sigue.”

      Tenemos dos camionetas y un camión, pero hoy no tenemos chofer para el camión. Es entonces que dejamos de perder tiempo y estacionamos las camionetas lo más cerca de la fuente de aprovisionamiento. En media hora, una ya está lista para salir. El chofer pasa por la administración donde recoge la factura y sale. En 15 minutos, sale la otra camioneta.

      Nos miramos con Miguel y debatimos si preparamos el pedido que sigue. El viento no se ha calmado; es más: sopla más intensamente que cuando abrimos. Si preparamos nuevamente tendremos problemas: las ráfagas tirarán las plantas y correremos el mismo riesgo de roturas que nos hizo cambiar de decisión.

      Es un alivio ingresar a la cocina y recuperar el oxígeno que el viento del exterior nos arranca de las narices. No solemos tener días así: hay vientos fuertes, claro, pero el que predomina hoy pertenece a esos meteoros que sólo se observan cada 4 años.

“Nos miramos con Miguel y debatimos si preparamos el pedido que sigue. El viento no se ha calmado; es más: sopla más intensamente que cuando abrimos.”

      “¿Qué tal unos mates, Miguel?” Y Miguel acepta. No debo decirlo, pero es de los mejores empleados que tenemos. Ya contaré otras anécdotas de cuando lo necesitamos en situaciones más extremas y ha respondido como un soldado ante la batalla. Quince minutos de mate y la primera camioneta que se fue, aparece para cargar el próximo pedido. Pero, eso sí: primero un mate a su chofer, para que se reponga del esfuerzo.

      Antes de cargar, el chofer me confiesa que el cliente le reveló que nos estaba justificando no llegar, porque entendía que el viento no nos dejaría cargar. Incluso le dijo que no estaba cerca de ningún teléfono para avisarnos que dejáramos el pedido para el día siguiente (aún no se habían inventado los celulares). La deducción lógica era muy práctica: todos los clientes pensarían lo mismo, pero no habiendo nadie que se manifestara en contra, seguiríamos cargando hasta terminar la agenda del día.