Es un día nublado y ventoso que exige “caminar” el vivero.

Hay que atender gente que viene a comprar y arreglar todo lo que el viento tiró.

– Este es el vivero de cultivo –

      Así que miré de reojo la lista de pedidos a preparar para entregar y mientras mateaba con mi papá, mi cabeza organizaba la agenda de entregas. Le pedí a mi papá que se encargara de los pedidos mientras yo me dedicaba a levantar las plantas caídas, pero, siendo que él tenía armado el día, me solicitó lo contrario.
      Me pidió que los pedidos los organizara yo, mientras él supervisaba el trabajo que le había encargado a Emilio, que, supuestamente, solucionaría esos problemas que el viento nos causaba.
      Llevamos un protocolo de estética en el vivero, que no nos permite dejar plantas tiradas. Las plantas en el suelo en el vivero, definitivamente dejan un sentimiento de tristeza. Nunca podemos olvidar que el cliente de un vivero, ama a las plantas y no admite ver una en el suelo como abandonada y a su suerte.
      Apenas podemos permitirnos dejarlas mientras el viento pasa, pero regresada la calma, se impone pararlas inmediatamente. Tan importante es esto, que los clientes son capaces de volver en otro momento. Esta situación siempre nos descolocó, porque el argumento imprescindible es que no tenemos herramientas contra el viento, pero el cliente se siente mal y, por extensión, es como nos sentimos nosotros, los que atendemos.

“Llevamos un protocolo de estética en el vivero, que no nos permite dejar plantas tiradas.”

     Tenemos un sector despoblado en una zona del vivero al que se llega sin impedimentos con el camión o la camioneta para atracar y cargar. Es para preparar los pedidos al que solemos rodear con hilos y colgarle el cartelito con el número de pedido o el apellido del cliente. Pero ese día estaba imposible.
      No sucede todo el año. El viento se hace presente en cortas épocas del año y no dura mucho más que un día. Son los meses de setiembre y octubre cuando lidiamos con esta cuestión. Y, por adversidad climática, es precisamente cuando más pedidos se suman. La demanda aumenta en esos meses: días antes de la primavera se despierta en la gente el ánimo por plantar y parece que se ponen de acuerdo para comprar.

– Se salvan del viento las plantas bajas –

      Miguel, el empleado de mayor confianza, el mejor “panero” del vivero, apenas me ve luchando contra el viento, se acerca a ofrecerme ayuda. Miguel está poco en el vivero donde canalizamos las ventas. El se encuentra mayormente en el campo de producción, donde cultivamos casi 80 variedades distintas de plantas que, cuando están listas por tamaño y sanidad, ponemos a la venta. Lo consideramos el mejor “panero”. ¿Qué es un “panero”? Es una expresión inventada por nosotros: es la persona encargada de sacar del campo a las plantas que deben salir con un “pan de tierra” en las raíces para evitar trastornos. Miguel parece dibujar los panes; es un artista.
      En esa ocasión, vino a trabajar al vivero de ventas porque en el campo el suelo está demasiado mojado como para sacar plantas; no es conveniente. Debe esperar a que se oree para cumplir con su trabajo.

“Apenas podemos permitirnos dejarlas mientras el viento pasa, pero regresada la calma, se impone pararlas inmediatamente.”

      Para ahorrar tiempo, Miguel puso en marcha el mini tractor y le enganchó el acoplado. En vez de usar la carretilla, cargamos las plantas pedidas al acoplado y las llevamos al sector de despacho. Hacemos todo más rápido, porque en un acoplado entran seis carretillas de plantas.
      De todos modos, el viento sigue causando estragos. Depositamos las plantas que traemos en el acoplado en el piso y el viento las tira impidiendo hasta que podamos individualizarlas. Es tan frustrante nuestro esfuerzo, que dan ganas de abandonar. Pero los pedidos deben entregarse. Los clientes saben que hay viento fuerte, pero no lo asocian con el hecho de no contar con las plantas que han pedido. Así que las están esperando. Miguel me acerca la solución. Precaria, pero hoy es la solución.